(Nota del blog: parece un poco largo, pero creanme que vale la pena. Gracias a Guillo por su valiosos aporte.)
1. La estrategia de la distracción:
El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a la granja como los otros animales (cita del texto Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
2. Crear problemas y después ofrecer soluciones:
Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también crear una crisis económica, para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3. La estrategia de la gradualidad:
Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
4. La estrategia de diferir:
Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad:
La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad”.
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión:
Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos.
7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad:
Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad: promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…
9. Reforzar la autoculpabilidad:
Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución…
10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen:
En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.
Al lector
Aquí se encuentran textos propios y de amigos, textos que circulan en internet o en libros, textos hechos con palabras o con imágenes, textos... Todos elegidos arbitrariamente y que, espero, sean también de tu agrado.
Si querés escribir un comentario, hacé click sobre el título del artículo de tu interés. Este aparecerá nuevamente en la página, solo y con un recuadro para que coloques allí tu texto. Desde ya, se agradecen...
Si querés escribir un comentario, hacé click sobre el título del artículo de tu interés. Este aparecerá nuevamente en la página, solo y con un recuadro para que coloques allí tu texto. Desde ya, se agradecen...
sábado, 25 de septiembre de 2010
Desde otro lugar, por Analía Ghío
(En homenaje a mi maternidad y a cada uno de mis hijos)
Estirarás las manos
y en las aguas revueltas de tu historia,
en medio del peor de tus naufragios,
encontrarás la madera de mi presencia silenciosa.
En la oscuridad de tus inseguridades,
y en la negrura de tus cobardías,
seré ese fósforo que desde el fondo del bolsillo,
te encenderá la mecha del " no te rindas todavía".
Cuando te envuelvan los vientos huracanados,
de una intransitable y asqueante desilusión,
seré la columna donde puedas amarrar,
el velero que te lleve a una renovada pasión.
Y partiré despacio, casi en retirada,
cuando disfrutes la gloria de un sueño muy querido.
Las madres no somos necesarias,
cuando despunta el alba de los proyectos conseguidos.
Nota del blog: Analía Ghio es una gran docente y autora de varios hermosos libros. Agradecemos su texto y su sincera amistad.
Estirarás las manos
y en las aguas revueltas de tu historia,
en medio del peor de tus naufragios,
encontrarás la madera de mi presencia silenciosa.
En la oscuridad de tus inseguridades,
y en la negrura de tus cobardías,
seré ese fósforo que desde el fondo del bolsillo,
te encenderá la mecha del " no te rindas todavía".
Cuando te envuelvan los vientos huracanados,
de una intransitable y asqueante desilusión,
seré la columna donde puedas amarrar,
el velero que te lleve a una renovada pasión.
Y partiré despacio, casi en retirada,
cuando disfrutes la gloria de un sueño muy querido.
Las madres no somos necesarias,
cuando despunta el alba de los proyectos conseguidos.
Nota del blog: Analía Ghio es una gran docente y autora de varios hermosos libros. Agradecemos su texto y su sincera amistad.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Los ojos de los pobres, por Ch. Baudelaire
¡Ah!, querés saber por qué hoy te aborrezco. Más fácil te será comprenderlo, sin duda, que a mí explicártelo; porque sos, creo yo, el mejor ejemplo de impermeabilidad femenina que pueda encontrarse.
Juntos pasamos un largo día, que me pareció corto. Nos habíamos hecho la promesa de que todos los pensamientos serían comunes para los dos, y nuestras almas ya no serían en adelante más que una; ensueño que nada tiene de original, después de todo, a no ser que, soñándolo todos los hombres, nunca lo realizó ninguno.
Al anochecer, un poco fatigada, quisiste sentarte delante de un café nuevo que hacía esquina a un bulevar, nuevo, lleno todavía de cascotes y ostentando ya gloriosamente sus esplendores, sin concluir. Centelleaba el café. El gas mismo desplegaba todo el ardor de un estreno, e iluminaba con todas sus fuerzas los muros cegadores de blancura, los lienzos deslumbradores de los espejos, los oros de las medias cañas y de las cornisas, los pajes de mejillas infladas arrastrados por los perros en traílla, las damas risueñas con el halcón posado en el puño, las ninfas y las diosas que llevaban sobre la cabeza frutas, pasteles y caza; las Hebes y las Ganimedes ofreciendo a brazo tendido el anforilla de jarabe o el obelisco bicolor de los helados con copete: la historia entera de la mitología puesta al servicio de la gula.
Enfrente mismo de nosotros, en la vereda, estaba plantado un pobre hombre de unos cuarenta años, de faz cansada y barba canosa; llevaba de la mano a un niño, y con el otro brazo sostenía a una criatura débil para andar todavía. Hacía de niñera, y sacaba a sus hijos a tomar el aire del anochecer. Todos harapientos. Las tres caras tenían extraordinaria seriedad, y los seis ojos contemplaban fijamente el café nuevo, con una admiración igual, que los años matizaban de modo diverso.
Los ojos del padre decían: «¡Qué hermoso! ¡Qué hermoso! ¡Parece como si todo el oro del mísero mundo se hubiera colocado en esas paredes!» Los ojos del niño: «¡Qué hermoso!, ¡qué hermoso!; ¡pero es una casa donde sólo puede entrar la gente que no es como nosotros!» Los ojos del más chico estaban fascinados de sobra para expresar cosa distinta de un gozo estúpido y profundo.
Los cancioneros suelen decir que el placer vuelve al alma buena y ablanda los corazones. Por lo que a mí toca, la canción dijo bien aquella tarde. No sólo me había enternecido aquella familia de ojos, sino que me avergonzaba un tanto de nuestros vasos y de nuestras botellas, mayores que nuestra sed. Volvía yo los ojos hacia los tuyos, querido amor mío, para leer en ellos mi pensamiento; me sumergía en tus ojos tan bellos y tan extrañamente dulces, en tus ojos verdes, habitados por el capricho e inspirados por la Luna, cuando me dijiste: «¡Esa gente me está siendo insoportable con sus ojos tan abiertos como puertas cocheras! ¿Por qué no pedís al dueño del café que los haga alejarse?»
¡Tan difícil es entenderse, ángel querido, y tan incomunicable el pensamiento, aun entre seres que se aman!
Charles Baudelaire - (París, 1821-id., 1867)
Juntos pasamos un largo día, que me pareció corto. Nos habíamos hecho la promesa de que todos los pensamientos serían comunes para los dos, y nuestras almas ya no serían en adelante más que una; ensueño que nada tiene de original, después de todo, a no ser que, soñándolo todos los hombres, nunca lo realizó ninguno.
Al anochecer, un poco fatigada, quisiste sentarte delante de un café nuevo que hacía esquina a un bulevar, nuevo, lleno todavía de cascotes y ostentando ya gloriosamente sus esplendores, sin concluir. Centelleaba el café. El gas mismo desplegaba todo el ardor de un estreno, e iluminaba con todas sus fuerzas los muros cegadores de blancura, los lienzos deslumbradores de los espejos, los oros de las medias cañas y de las cornisas, los pajes de mejillas infladas arrastrados por los perros en traílla, las damas risueñas con el halcón posado en el puño, las ninfas y las diosas que llevaban sobre la cabeza frutas, pasteles y caza; las Hebes y las Ganimedes ofreciendo a brazo tendido el anforilla de jarabe o el obelisco bicolor de los helados con copete: la historia entera de la mitología puesta al servicio de la gula.
Enfrente mismo de nosotros, en la vereda, estaba plantado un pobre hombre de unos cuarenta años, de faz cansada y barba canosa; llevaba de la mano a un niño, y con el otro brazo sostenía a una criatura débil para andar todavía. Hacía de niñera, y sacaba a sus hijos a tomar el aire del anochecer. Todos harapientos. Las tres caras tenían extraordinaria seriedad, y los seis ojos contemplaban fijamente el café nuevo, con una admiración igual, que los años matizaban de modo diverso.
Los ojos del padre decían: «¡Qué hermoso! ¡Qué hermoso! ¡Parece como si todo el oro del mísero mundo se hubiera colocado en esas paredes!» Los ojos del niño: «¡Qué hermoso!, ¡qué hermoso!; ¡pero es una casa donde sólo puede entrar la gente que no es como nosotros!» Los ojos del más chico estaban fascinados de sobra para expresar cosa distinta de un gozo estúpido y profundo.
Los cancioneros suelen decir que el placer vuelve al alma buena y ablanda los corazones. Por lo que a mí toca, la canción dijo bien aquella tarde. No sólo me había enternecido aquella familia de ojos, sino que me avergonzaba un tanto de nuestros vasos y de nuestras botellas, mayores que nuestra sed. Volvía yo los ojos hacia los tuyos, querido amor mío, para leer en ellos mi pensamiento; me sumergía en tus ojos tan bellos y tan extrañamente dulces, en tus ojos verdes, habitados por el capricho e inspirados por la Luna, cuando me dijiste: «¡Esa gente me está siendo insoportable con sus ojos tan abiertos como puertas cocheras! ¿Por qué no pedís al dueño del café que los haga alejarse?»
¡Tan difícil es entenderse, ángel querido, y tan incomunicable el pensamiento, aun entre seres que se aman!
Charles Baudelaire - (París, 1821-id., 1867)
lunes, 13 de septiembre de 2010
Curiosidades del arte 6, por PG
Retratos (auto)
Son muchos, en la historia de la pintura, los casos de pintores que retrataron su propia imagen. Vincent van Gogh, Rembrandt y muchos otros se utilizaron a sí mismos como modelos en numerosísimas oportunidades. Pero lo que nos interesa en este apartado son aquellas obras en donde el artista se retrató a sí mismo dentro de un conjunto mayor, es decir, se colocó como un personaje que forma parte de una serie de elementos dentro de su pintura. Y esto ha logrado, en varios casos, hacerlo pasar desapercibido ante la mirada de más de un despistado espectador.
Diego de Velázquez
El caso más mentado es quizás el de Diego de Velázquez da Silva (Sevilla 1599- Madrid 1660), a quien no pocos recuerdan como personaje de su ilustre cuadro Las Meninas. El pintor observa al espectador vestido sobriamente de negro, cruz de Santiago al pecho, paleta y pincel en mano, a la izquierda del famoso óleo. No es el personaje central del lienzo, pero su figura no pasa desapercibida. Este óleo es de 1656 y, lo curioso, es que Las Meninas no es su verdadero título, el cual lo ha hecho notablemente famoso. El nombre original sería La familia de Felipe IV (así aparece en los inventarios de 1734) y pasará a conocerse con su nombre actual en 1843, cuando ya se encontraba en el Museo del Prado, donde aún puede visitarse.
Algún lector todavía puede preguntarse qué es una menina. El lienzo de Velázquez ilustra a la infanta Margarita, hija del rey español Felipe IV y Mariana de Austria, junto a sus damitas de compañía, o sea sus meninas. Además de estas jovencitas (doña María Agustina Sarmiento y doña Isabel de Velasco) están presentes en esa sala (real) del Alcázar de Madrid el propio Velázquez –como ya se dijo-, unos enanos, un perro y otras tres personas de la corte. Otra curiosidad es que los reyes están presentes en la imagen. Para verlos, el espectador tendrá que observar detenidamente el espejo que cuelga sobre la pared del fondo de la sala, en donde se adivinan las siluetas de sus majestades. De esta manera, Velazquez logró introducir a su pintura lo que naturalmente estaría fuera del campo de visión.
Queda tiempo para algunas curiosidades más. Hemos dicho que el pintor luce en su pecho la cruz roja de la orden de Santiago. Velázquez fuen nombrado caballero de esta orden en 1659, el año anterior a su muerte. Por lo tanto no fue él quien pintó esta insignia en su pecho sino que la misma fue colocada allí, tras su muerte, por orden del rey.
Diego Velázquez nos dejó la tarde del 6 de agostode 1660. Su amada esposa Juana lo siguió tan solo ocho días después. Los restos de ambos fueron depositados en la iglesia madrileña de San Juan Bautista. La misma sería arrasada durante la Guera de la Independencia tras lo cual nadie se preocuparía por recuperar los restos del pintor. Hoy en día, en el solar de dicha iglesia, se encuentra la plaza de Ramales. Una columna allí erigida en 1961 conmemora la última morada del glorioso Diego Velazquez.
Son muchos, en la historia de la pintura, los casos de pintores que retrataron su propia imagen. Vincent van Gogh, Rembrandt y muchos otros se utilizaron a sí mismos como modelos en numerosísimas oportunidades. Pero lo que nos interesa en este apartado son aquellas obras en donde el artista se retrató a sí mismo dentro de un conjunto mayor, es decir, se colocó como un personaje que forma parte de una serie de elementos dentro de su pintura. Y esto ha logrado, en varios casos, hacerlo pasar desapercibido ante la mirada de más de un despistado espectador.
Diego de Velázquez
El caso más mentado es quizás el de Diego de Velázquez da Silva (Sevilla 1599- Madrid 1660), a quien no pocos recuerdan como personaje de su ilustre cuadro Las Meninas. El pintor observa al espectador vestido sobriamente de negro, cruz de Santiago al pecho, paleta y pincel en mano, a la izquierda del famoso óleo. No es el personaje central del lienzo, pero su figura no pasa desapercibida. Este óleo es de 1656 y, lo curioso, es que Las Meninas no es su verdadero título, el cual lo ha hecho notablemente famoso. El nombre original sería La familia de Felipe IV (así aparece en los inventarios de 1734) y pasará a conocerse con su nombre actual en 1843, cuando ya se encontraba en el Museo del Prado, donde aún puede visitarse.
Algún lector todavía puede preguntarse qué es una menina. El lienzo de Velázquez ilustra a la infanta Margarita, hija del rey español Felipe IV y Mariana de Austria, junto a sus damitas de compañía, o sea sus meninas. Además de estas jovencitas (doña María Agustina Sarmiento y doña Isabel de Velasco) están presentes en esa sala (real) del Alcázar de Madrid el propio Velázquez –como ya se dijo-, unos enanos, un perro y otras tres personas de la corte. Otra curiosidad es que los reyes están presentes en la imagen. Para verlos, el espectador tendrá que observar detenidamente el espejo que cuelga sobre la pared del fondo de la sala, en donde se adivinan las siluetas de sus majestades. De esta manera, Velazquez logró introducir a su pintura lo que naturalmente estaría fuera del campo de visión.
Queda tiempo para algunas curiosidades más. Hemos dicho que el pintor luce en su pecho la cruz roja de la orden de Santiago. Velázquez fuen nombrado caballero de esta orden en 1659, el año anterior a su muerte. Por lo tanto no fue él quien pintó esta insignia en su pecho sino que la misma fue colocada allí, tras su muerte, por orden del rey.
Diego Velázquez nos dejó la tarde del 6 de agostode 1660. Su amada esposa Juana lo siguió tan solo ocho días después. Los restos de ambos fueron depositados en la iglesia madrileña de San Juan Bautista. La misma sería arrasada durante la Guera de la Independencia tras lo cual nadie se preocuparía por recuperar los restos del pintor. Hoy en día, en el solar de dicha iglesia, se encuentra la plaza de Ramales. Una columna allí erigida en 1961 conmemora la última morada del glorioso Diego Velazquez.
Curiosidades del arte 5, por PG
William Shakespeare
¿Ser o no ser Willy?
Cuando se menciona a este célebre dramaturgo inglés nacido en 1564 en Stratford-upon-Avon (condado de Warwick, Inglaterra) se habla de él casi como un sinónimo de literatura inglesa. Y se recuerda, tarde o temprano, una de las frases más célebres de la dramaturgia (y la literatura toda), surgida hace varios siglos de la boca de uno de sus personajes: “ser o no ser, esa es la cuestión”. Traducciones posibles aparte, la cita de Hamlet (1598-1601) se la ha representado infinitas veces acompañada de una impostación especial del tono de voz, una postura corporal entre histriónica y ceremonial y el gesto –o la acción misma- de sostener en una mano una calavera. Y surge aquí la curiosidad. Porque sucede, como en otras ocasiones, que el personaje supera en fama a la obra y al autor mismo, y hablan de él aun quienes nunca entraron en contacto con la pieza teatral.
Quienes sí hayan leído o visto representada la pieza de Shakespeare sabrán que, durante el monólogo del “to be or not o be”, Hamlet no tiene en su mano calavera alguna. El príncipe de Dinamarca, quien se ve en la dura diyuntiva de asesinar o no a su madre y a su tío el rey, pronuncia dos extensos y profundos monólogos (y alguno más) a lo largo del drama shakesperiano. El primero de estos (acto III, escena IV) desarrolla el tema del “ser o no ser” el propio Hamlet quien deba vengar la muerte de su padre; el segundo, es el que habla acerca de lo efímero de la vida, del paso del tiempo, y este sí lo realiza Hamlet con la calavera de Yorick, antiguo bufón real, en su mano. Durante las primeras dos escenas del quinto acto, Hamlet y su amigo Horacio se encuentran en el cementerio con un sepulturero y mantienen un ingenioso diálogo humorístico (sí, lector, el drama shakesperiano contiene humor). Quien cava las fosas informa a Hamlet y a su amigo que el cráneo que pueden ver allí, junto a ellos, es el del otrora bufón, antiguo compañero de juegos del por entonces jovencísimo príncipe Hamlet. Es por esto que el protagonista toma la calavera en sus manos y, mientras recuerda las humoradas del viejo compañero en la corte, reflexiona sobre el pasado que se fue (tempus fugit, decían ya los romanos) y no volverá.
Lo del “ser o no ser”, es otra cuestión…
¿Cumpleaños feliz?
El nacimiento de William Shakespeare, como se menciona arriba, fue en el año 1564, aunque el día exacto es incierto. Sin embargo, se registra su bautismo el día 26 de abril de ese año en la iglesia de la Santísima Trinidad. No hay demasiada curiosidad en ello: la historia del arte está plagada de casos como este ya que lo registros civiles no estaban tan organizados como los actuales.
No sucede lo mismo con respecto a la fecha del fallecimiento del afamado dramaturgo y poeta inglés. El mismo falleció el día 23 de abril de 1616. Algunos autores sostienen que murió el día de su cumpleaños. Otros de los que hacen mención a esta fecha no pueden dejar de apuntar el dato curioso: el también dramaturgo, poeta y genial narrador español, Miguel de Cervantes Saavedra también murió un 23 de abril de 1616.
Pero la curiosidad no termina aquí.
¿Qué pensaría el lector si afirmamos que ambos escritores murieron el 23 de abril de 1616, pero no lo hicieron el mismo día?
El truco está en el almanaque: España e Inglaterra poseían calendarios diferentes por aquel entonces, ya que en la tierra natal de William no se había puesto en práctica la reforma gregoriana. Shakespeare murió en realidad diez días después que Cervantes (el 3 de mayo del actual calendario).
¿Ser o no ser Willy?
Cuando se menciona a este célebre dramaturgo inglés nacido en 1564 en Stratford-upon-Avon (condado de Warwick, Inglaterra) se habla de él casi como un sinónimo de literatura inglesa. Y se recuerda, tarde o temprano, una de las frases más célebres de la dramaturgia (y la literatura toda), surgida hace varios siglos de la boca de uno de sus personajes: “ser o no ser, esa es la cuestión”. Traducciones posibles aparte, la cita de Hamlet (1598-1601) se la ha representado infinitas veces acompañada de una impostación especial del tono de voz, una postura corporal entre histriónica y ceremonial y el gesto –o la acción misma- de sostener en una mano una calavera. Y surge aquí la curiosidad. Porque sucede, como en otras ocasiones, que el personaje supera en fama a la obra y al autor mismo, y hablan de él aun quienes nunca entraron en contacto con la pieza teatral.
Quienes sí hayan leído o visto representada la pieza de Shakespeare sabrán que, durante el monólogo del “to be or not o be”, Hamlet no tiene en su mano calavera alguna. El príncipe de Dinamarca, quien se ve en la dura diyuntiva de asesinar o no a su madre y a su tío el rey, pronuncia dos extensos y profundos monólogos (y alguno más) a lo largo del drama shakesperiano. El primero de estos (acto III, escena IV) desarrolla el tema del “ser o no ser” el propio Hamlet quien deba vengar la muerte de su padre; el segundo, es el que habla acerca de lo efímero de la vida, del paso del tiempo, y este sí lo realiza Hamlet con la calavera de Yorick, antiguo bufón real, en su mano. Durante las primeras dos escenas del quinto acto, Hamlet y su amigo Horacio se encuentran en el cementerio con un sepulturero y mantienen un ingenioso diálogo humorístico (sí, lector, el drama shakesperiano contiene humor). Quien cava las fosas informa a Hamlet y a su amigo que el cráneo que pueden ver allí, junto a ellos, es el del otrora bufón, antiguo compañero de juegos del por entonces jovencísimo príncipe Hamlet. Es por esto que el protagonista toma la calavera en sus manos y, mientras recuerda las humoradas del viejo compañero en la corte, reflexiona sobre el pasado que se fue (tempus fugit, decían ya los romanos) y no volverá.
Lo del “ser o no ser”, es otra cuestión…
¿Cumpleaños feliz?
El nacimiento de William Shakespeare, como se menciona arriba, fue en el año 1564, aunque el día exacto es incierto. Sin embargo, se registra su bautismo el día 26 de abril de ese año en la iglesia de la Santísima Trinidad. No hay demasiada curiosidad en ello: la historia del arte está plagada de casos como este ya que lo registros civiles no estaban tan organizados como los actuales.
No sucede lo mismo con respecto a la fecha del fallecimiento del afamado dramaturgo y poeta inglés. El mismo falleció el día 23 de abril de 1616. Algunos autores sostienen que murió el día de su cumpleaños. Otros de los que hacen mención a esta fecha no pueden dejar de apuntar el dato curioso: el también dramaturgo, poeta y genial narrador español, Miguel de Cervantes Saavedra también murió un 23 de abril de 1616.
Pero la curiosidad no termina aquí.
¿Qué pensaría el lector si afirmamos que ambos escritores murieron el 23 de abril de 1616, pero no lo hicieron el mismo día?
El truco está en el almanaque: España e Inglaterra poseían calendarios diferentes por aquel entonces, ya que en la tierra natal de William no se había puesto en práctica la reforma gregoriana. Shakespeare murió en realidad diez días después que Cervantes (el 3 de mayo del actual calendario).
jueves, 9 de septiembre de 2010
Pensamiento del Dr. Adrian Rogers (1931)
Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para ello, pero sin recibirlo..
El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona.
Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso... mi querido amigo...
...es el fin de cualquier Nación.
“No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola”.
El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona.
Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso... mi querido amigo...
...es el fin de cualquier Nación.
“No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola”.
Día del Docente
"Si hacés planes para un año, sembrá arroz. Si hacés planes para dos lustros, plantá árboles. Si hacés planes para toda la vida, educá una persona."
Felicidades a todos los que enfrentan la tarea de educar, sus molinos de viento, sus utopías y sus esporádicos placeres.
Pablo
Felicidades a todos los que enfrentan la tarea de educar, sus molinos de viento, sus utopías y sus esporádicos placeres.
Pablo
jueves, 19 de agosto de 2010
Curiosidades del arte 4, por PG
Leonardo da Vinci (1452-1519):
Hora de cenar
Una de las pinturas más famosas del artista nacido en la aldea toscana de Vinci (ciertamente, ese es el significado de lo que conocemos como su “apellido”) es La última cena. Esta es un fresco que se encuentra pintado en una pared del refectorio (salón comedor) del monasterio de Santa Maria delle Grazie en Milán. La recordada escena creada por Leonardo muestra a Jesús y a sus doce apóstoles durante la cena de pascua, más precisamente en el momento en que Cristo anuncia que uno de ellos pronto lo traicionará.
Hoy en día, el estado de conservación de la pintura no es óptimo debido a los materiales que utilizó Leonardo. El artista era un gran experimentador, lo que hoy en día llamamos un científico, y sus obras eran el “laboratorio” en donde probaba sus nuevas técnicas. El temple (pintura no al óleo) utilizado por Leonardo no es tan resistente al paso del tiempo y, por esta razón, este fresco de Da Vinci se deteriora con el paso del tiempo y necesita de constantes curaciones.
A principios de este nuevo siglo XXI, este fresco captó nuevamente la atención del público masivo gracias a una novela best-seller y su posterior adaptación al formato cinematográfico. Las teorías del novelista –quien no hace más que literatura, o sea ficción- propusieron el debate sobre temas concernientes a la religión católica y a la figura de su fundador, Jesucristo. Lo interesante, desde el punto de vista artístico, es que en el análisis que se realiza de la pintura de Leonardo en la novela, se toma como punto de partida una supuesta omisión del artista: da Vinci habría olvidado colocar vasos o copas sobre la mesa. A partir de esta equívoca afirmación como base, la novela edifica una teoría acerca de Cristo y María Magdalena que se torna sumamente débil ya que, si se observa atentamente la mesa vestida por un mantel blanco, se verán sobre ella algunos vasos de vidrio con un líquido rojizo (vino posiblemente) en su interior. Uno de ellos, por ejemplo, inmediatamente a la derecha de la mano izquierda de Cristo.
Otro detalle sobre esta obra, visible incluso en algunas reproducciones, puede observarse debajo de la mesa, en la parte central. Luego de que Leonardo pintara el fresco con sus comensales (nótese que es una imagen de personas comiendo realizada en un comedor), los monjes realizaron una abertura en el muro para colocar una puerta, justo debajo del trabajo de da Vinci. Puede resultar increíble para nosotros que se dañara así una parte, por más pequeña que sea, de la obra del maestro italiano. Por lo tanto, las extrañas líneas y marcas que el espectador atento observa debajo de la mesa no son más que el dintel de la puerta antes mencionada. Para quienes tuvieron el placer de contemplar en directo el fresco, el asombro de una antigua puerta en ese lugar es, tal vez, aún mayor.
Hora de cenar
Una de las pinturas más famosas del artista nacido en la aldea toscana de Vinci (ciertamente, ese es el significado de lo que conocemos como su “apellido”) es La última cena. Esta es un fresco que se encuentra pintado en una pared del refectorio (salón comedor) del monasterio de Santa Maria delle Grazie en Milán. La recordada escena creada por Leonardo muestra a Jesús y a sus doce apóstoles durante la cena de pascua, más precisamente en el momento en que Cristo anuncia que uno de ellos pronto lo traicionará.
Hoy en día, el estado de conservación de la pintura no es óptimo debido a los materiales que utilizó Leonardo. El artista era un gran experimentador, lo que hoy en día llamamos un científico, y sus obras eran el “laboratorio” en donde probaba sus nuevas técnicas. El temple (pintura no al óleo) utilizado por Leonardo no es tan resistente al paso del tiempo y, por esta razón, este fresco de Da Vinci se deteriora con el paso del tiempo y necesita de constantes curaciones.
A principios de este nuevo siglo XXI, este fresco captó nuevamente la atención del público masivo gracias a una novela best-seller y su posterior adaptación al formato cinematográfico. Las teorías del novelista –quien no hace más que literatura, o sea ficción- propusieron el debate sobre temas concernientes a la religión católica y a la figura de su fundador, Jesucristo. Lo interesante, desde el punto de vista artístico, es que en el análisis que se realiza de la pintura de Leonardo en la novela, se toma como punto de partida una supuesta omisión del artista: da Vinci habría olvidado colocar vasos o copas sobre la mesa. A partir de esta equívoca afirmación como base, la novela edifica una teoría acerca de Cristo y María Magdalena que se torna sumamente débil ya que, si se observa atentamente la mesa vestida por un mantel blanco, se verán sobre ella algunos vasos de vidrio con un líquido rojizo (vino posiblemente) en su interior. Uno de ellos, por ejemplo, inmediatamente a la derecha de la mano izquierda de Cristo.
Otro detalle sobre esta obra, visible incluso en algunas reproducciones, puede observarse debajo de la mesa, en la parte central. Luego de que Leonardo pintara el fresco con sus comensales (nótese que es una imagen de personas comiendo realizada en un comedor), los monjes realizaron una abertura en el muro para colocar una puerta, justo debajo del trabajo de da Vinci. Puede resultar increíble para nosotros que se dañara así una parte, por más pequeña que sea, de la obra del maestro italiano. Por lo tanto, las extrañas líneas y marcas que el espectador atento observa debajo de la mesa no son más que el dintel de la puerta antes mencionada. Para quienes tuvieron el placer de contemplar en directo el fresco, el asombro de una antigua puerta en ese lugar es, tal vez, aún mayor.
Curiosidades del arte 3, por PG
Miguel Ángel Buonarotti: un artista completo
El escultor que pinta
Cuando el papa Julio II pensó en alguien que pintara la bóveda de la capilla Sixtina (Vaticano) no pudo sino poner sus ojos en Miguel Ángel, a quien tiempo atrás había encargado que realizara un grupo escultórico de varias figuras para la propia tumba papal. Pero, a pesar de tamaño encargo que gustaba sobremanera al artista, el pontífice pensó que el techo de la capilla Sixtina (utilizada, por ejemplo, para reunir al cónclave) era una tarea prioritaria.
Miguel Ángel fue notificado por el propio Julio II del cambio de planes: la idea era que el artista pintara las figuras de los doce apóstoles de Cristo en la amplia bóveda del templo. Buonarotti se enfureció por este cambio y pidió al papa que lo dispensara de tal tarea, argumentando que lo suyo eran las esculturas y no los frescos. El obstinado pontífice (tan famosamente testarudo como el artista) se negó a cambiar de planes y obligó contractualmente a Miguel Ángel a realizar la obra. Buonarotti firmó el contrato (el cual, dicho sea de paso, no cobró en tiempo y forma) como “Miguel Ángel, el escultor”...
De "yapa", aquí dejamos un poema esculpido por la pluma de Buonarotti:
No espere –afirma el pueblo- recompensa
el hombre que mal obra o que mal piensa.
Mucho sufrí contigo y muy mal hice
privándome de mí cuando te quise.
No aspiro a ser fénix que a la intensa
llama vuelve: mi edad bien me lo dice.
Pero gozo mi pena y mi extravío:
soy más de mí con vos, que siendo mío.
El escultor que pinta
Cuando el papa Julio II pensó en alguien que pintara la bóveda de la capilla Sixtina (Vaticano) no pudo sino poner sus ojos en Miguel Ángel, a quien tiempo atrás había encargado que realizara un grupo escultórico de varias figuras para la propia tumba papal. Pero, a pesar de tamaño encargo que gustaba sobremanera al artista, el pontífice pensó que el techo de la capilla Sixtina (utilizada, por ejemplo, para reunir al cónclave) era una tarea prioritaria.
Miguel Ángel fue notificado por el propio Julio II del cambio de planes: la idea era que el artista pintara las figuras de los doce apóstoles de Cristo en la amplia bóveda del templo. Buonarotti se enfureció por este cambio y pidió al papa que lo dispensara de tal tarea, argumentando que lo suyo eran las esculturas y no los frescos. El obstinado pontífice (tan famosamente testarudo como el artista) se negó a cambiar de planes y obligó contractualmente a Miguel Ángel a realizar la obra. Buonarotti firmó el contrato (el cual, dicho sea de paso, no cobró en tiempo y forma) como “Miguel Ángel, el escultor”...
De "yapa", aquí dejamos un poema esculpido por la pluma de Buonarotti:
No espere –afirma el pueblo- recompensa
el hombre que mal obra o que mal piensa.
Mucho sufrí contigo y muy mal hice
privándome de mí cuando te quise.
No aspiro a ser fénix que a la intensa
llama vuelve: mi edad bien me lo dice.
Pero gozo mi pena y mi extravío:
soy más de mí con vos, que siendo mío.
Extraído de la sección correo sentimental , consejos de José María
Estimado José María,
Espero que usted pueda ayudarme. El otro día, salí de casa para mi trabajo, dejando a mi marido que miraba televisión.
No había recorrido un kilómetro de distancia , cuando el motor del auto se detuvo sin que hubiera manera de que volviera a arrancar. Decidí entonces volver a casa caminando para pedirle ayuda a mi marido.
Al entrar a casa, no podía creer lo que veían mis ojos ¡MI MARIDO, EN NUESTRO DORMITORIO, CON LA HIJA DE NUESTROS VECINOS!
Tengo 36 años, mi marido tiene 40 y la hija de nuestros vecinos 21. Estamos casados desde hace 10 años. A mi me vino un ataque de cólera y él, abatido y en sollozos, me confesó que tenían una relación desde hacía seis meses. No obstante ello, él se niega a acompañarme a ver un psicólogo consejero conyugal. Estoy completamente destruida y necesito con urgencia su consejo.
¿Podrá usted ayudarme?
Isabel
Querida Isabel,
Hay muchísimas razones por las cuales el motor de un vehículo puede detenerse después de haber recorrido una corta distancia. Comience por verificar si la manguera por la que llega la nafta no está obstruída. Si no fuera el caso, verifique el funcionamiento de la bomba de nafta y los cables de la bobina. Si esto no resuelve la falla, habrá entonces probablemente que cambiar la bomba de nafta misma que, por lo que a mí me parece, puede no estar proporcionando a los inyectores la suficiente presión.
Espero haberle sido útil.
José María
Espero que usted pueda ayudarme. El otro día, salí de casa para mi trabajo, dejando a mi marido que miraba televisión.
No había recorrido un kilómetro de distancia , cuando el motor del auto se detuvo sin que hubiera manera de que volviera a arrancar. Decidí entonces volver a casa caminando para pedirle ayuda a mi marido.
Al entrar a casa, no podía creer lo que veían mis ojos ¡MI MARIDO, EN NUESTRO DORMITORIO, CON LA HIJA DE NUESTROS VECINOS!
Tengo 36 años, mi marido tiene 40 y la hija de nuestros vecinos 21. Estamos casados desde hace 10 años. A mi me vino un ataque de cólera y él, abatido y en sollozos, me confesó que tenían una relación desde hacía seis meses. No obstante ello, él se niega a acompañarme a ver un psicólogo consejero conyugal. Estoy completamente destruida y necesito con urgencia su consejo.
¿Podrá usted ayudarme?
Isabel
Querida Isabel,
Hay muchísimas razones por las cuales el motor de un vehículo puede detenerse después de haber recorrido una corta distancia. Comience por verificar si la manguera por la que llega la nafta no está obstruída. Si no fuera el caso, verifique el funcionamiento de la bomba de nafta y los cables de la bobina. Si esto no resuelve la falla, habrá entonces probablemente que cambiar la bomba de nafta misma que, por lo que a mí me parece, puede no estar proporcionando a los inyectores la suficiente presión.
Espero haberle sido útil.
José María
lunes, 16 de agosto de 2010
Curiosidades del arte 2, por PG
James Joyce (1882-1941)
Ulises y la novelística moderna
La novela Ulises es, quizás, no solamente la obra cumbre de este autor irlandés sino también la novela máxima del siglo XX. Tal suposición nace de su significación para el mundo literario. Así como El Quijote cervantino es, para algunos críticos, la inauguración de la novela moderna, el Ulises de Joyce (de 1922) es también una bisagra literaria: se ha transformado en un antes y un después en la manera de escribir la narrativa.
Otra coincidencia que puede mencionarse entre los autores es el hecho de que tanto Joyce como Cervantes se encontraban, al momento de la publicación de sus novelas, en un estado económico deplorable. Una escritora amiga de Joyce, Sylvia Beach, fue quien proveyó el dinero para la primera publicación de la obra capital del autor irlandés. A esta singular editora debe Ulises no solamente su paso por la imprenta, sino también su cruce al otro lado del Atlántico. La novela de Joyce había sido declarada en los Estados Unidos como una obra obscena e ininteligible, y por este motivo el primer envío de copias a Norteamérica fue confiscado. Beach no se dejó amedrentar por esto y continuó los envíos del Ulises oculto por tapas de las obras completas de Shakespeare.
El Ulises de Joyce narra los hechos acontecidos en Dublín a Leopold Bloom y a Stephen Dedalus el 16 de junio de 1904. Un día cualquiera… O no tanto. Joyce eligió esa fecha debido a que fue el día en que, por primera vez, se encontró con Nora Barnacle, quien más tarde fuera su pareja. Bloom y Dédalus son personajes autobiográficos, reflejo dual de la personalidad del autor: el primero representa al viejo Joyce; el segundo, al joven.
Dos curiosidades en relación a los personajes:
A Leopold Bloom debemos el Bloomsday: todos los 16 de junio, quienes honran la memoria de Joyce se reúnen a celebrar esta fecha, generalmente con una buena cerveza irlandesa de por medio.
Con respecto al joven Stephen, se pueden destacar dos cosas. La primera es que este no es un personaje nuevo sino que pertenece a otro libro del autor: “El retrato del artista adolescente” (A portrait as a young man artist). Al final de esta excelente novela, Joyce hace viajar a Stephen hacia Dublín, ciudad en donde, como arriba se dijo, transcurren las escuetas acciones del Ulises. El joven Dédalus es, por lo tanto, una suerte de puente entre ambas novelas. La segunda cuestión a destacar es el significado de su apellido. Dédalo es, en la mitología griega, el creador –entre otras cosas- del laberinto que encerró al Minotauro hasta su muerte en manos del héroe Teseo. A lo largo de la novela joyceana, Stephen es un estudiante adolescente con aspiraciones a escritor que se busca a sí mismo y a su capacidad de comprender y crear el arte. Esta búsqueda es un derrotero intrincado, laberíntico para un muchacho, como muchos jóvenes de su edad, confundido, avergonzado de su familia y demás cuestiones que lo hacen deambular por los inciertos pasillos de su vida. He ahí la relación del apellido de Stephen con el inventor griego.
Temiendo caer en una obviedad, resulta casi imperiosa una comparación más entre el Ulises y su obligado intertexto. Ulises (Odiseo), como posiblemente sepa el lector, es el héroe de La Odisea, obra épica atribuida a Homero. No es casual que este personaje diera nombre a la novela de Joyce, ya que también el héroe griego sufre un largo camino a casa (la isla Ítaca, su tierra natal) tras la caída de Troya. El Ulises homérico deberá deambular perdido en los laberínticos mares durante diez años antes de llegar al encuentro de Penélope, su amada y paciente esposa.
Por todo esto puede decirse que las novelas de Joyce –como tantas otras dentro del apasionante mundo de la literatura- están plagadas de signos que remiten a otras obras literarias, a otros personajes, a la vida misma…
Ulises y la novelística moderna
La novela Ulises es, quizás, no solamente la obra cumbre de este autor irlandés sino también la novela máxima del siglo XX. Tal suposición nace de su significación para el mundo literario. Así como El Quijote cervantino es, para algunos críticos, la inauguración de la novela moderna, el Ulises de Joyce (de 1922) es también una bisagra literaria: se ha transformado en un antes y un después en la manera de escribir la narrativa.
Otra coincidencia que puede mencionarse entre los autores es el hecho de que tanto Joyce como Cervantes se encontraban, al momento de la publicación de sus novelas, en un estado económico deplorable. Una escritora amiga de Joyce, Sylvia Beach, fue quien proveyó el dinero para la primera publicación de la obra capital del autor irlandés. A esta singular editora debe Ulises no solamente su paso por la imprenta, sino también su cruce al otro lado del Atlántico. La novela de Joyce había sido declarada en los Estados Unidos como una obra obscena e ininteligible, y por este motivo el primer envío de copias a Norteamérica fue confiscado. Beach no se dejó amedrentar por esto y continuó los envíos del Ulises oculto por tapas de las obras completas de Shakespeare.
El Ulises de Joyce narra los hechos acontecidos en Dublín a Leopold Bloom y a Stephen Dedalus el 16 de junio de 1904. Un día cualquiera… O no tanto. Joyce eligió esa fecha debido a que fue el día en que, por primera vez, se encontró con Nora Barnacle, quien más tarde fuera su pareja. Bloom y Dédalus son personajes autobiográficos, reflejo dual de la personalidad del autor: el primero representa al viejo Joyce; el segundo, al joven.
Dos curiosidades en relación a los personajes:
A Leopold Bloom debemos el Bloomsday: todos los 16 de junio, quienes honran la memoria de Joyce se reúnen a celebrar esta fecha, generalmente con una buena cerveza irlandesa de por medio.
Con respecto al joven Stephen, se pueden destacar dos cosas. La primera es que este no es un personaje nuevo sino que pertenece a otro libro del autor: “El retrato del artista adolescente” (A portrait as a young man artist). Al final de esta excelente novela, Joyce hace viajar a Stephen hacia Dublín, ciudad en donde, como arriba se dijo, transcurren las escuetas acciones del Ulises. El joven Dédalus es, por lo tanto, una suerte de puente entre ambas novelas. La segunda cuestión a destacar es el significado de su apellido. Dédalo es, en la mitología griega, el creador –entre otras cosas- del laberinto que encerró al Minotauro hasta su muerte en manos del héroe Teseo. A lo largo de la novela joyceana, Stephen es un estudiante adolescente con aspiraciones a escritor que se busca a sí mismo y a su capacidad de comprender y crear el arte. Esta búsqueda es un derrotero intrincado, laberíntico para un muchacho, como muchos jóvenes de su edad, confundido, avergonzado de su familia y demás cuestiones que lo hacen deambular por los inciertos pasillos de su vida. He ahí la relación del apellido de Stephen con el inventor griego.
Temiendo caer en una obviedad, resulta casi imperiosa una comparación más entre el Ulises y su obligado intertexto. Ulises (Odiseo), como posiblemente sepa el lector, es el héroe de La Odisea, obra épica atribuida a Homero. No es casual que este personaje diera nombre a la novela de Joyce, ya que también el héroe griego sufre un largo camino a casa (la isla Ítaca, su tierra natal) tras la caída de Troya. El Ulises homérico deberá deambular perdido en los laberínticos mares durante diez años antes de llegar al encuentro de Penélope, su amada y paciente esposa.
Por todo esto puede decirse que las novelas de Joyce –como tantas otras dentro del apasionante mundo de la literatura- están plagadas de signos que remiten a otras obras literarias, a otros personajes, a la vida misma…
Curiosidades del arte 1, por PG
Arthur Conan Doyle (¿o Sherlock Holmes?)
Elemental, mi querido lector
Todo aquel que conozca la aplomada figura del célebre detective inglés Sherlock Holmes recordará, seguramente, una de sus frases más famosas: “elemental, mi querido Watson”. Dirigida a su no menos conocido y respetado ayudante, el doctor en medicina John H. Watson, la cita encierra nuestra primera curiosidad: Holmes no pronuncia dicha frase en ninguna de las obras escritas por Arthur Conan Doyle: la misma es, como tantos otros ríos que corren paralelos al de la literatura, un invento del cine de Hollywood.
Holmes, Watson y el 221 B de Baker Street
El primer texto de Conan Doyle que presenta a sus más famosos personajes es la novela titulada A Study in Scarlet -“Estudio en escarlata”- de 1887. El título hace referencia a que Holmes y su reciente compañero Watson deberán seguir la pista del delito a partir de un rastro de sangre: un “estudio”, entonces, en rojo escarlata.
Esta novela posee como narrador al propio Watson, lo cual será una constante en el resto de los relatos policiales de Conan Doyle. John Watson relata las vicisitudes de su vuelta a la vida en la ciudad tras estar en la guerra en calidad de médico del quinto regimiento de fusileros del ejército inglés. Producto de los combates en Afganistán, su hombro es alcanzado por una bala en la batalla de Maiwant. Esta herida será su boleto de retorno a la capital inglesa.
Una vez en Londres, y luego de despilfarrar unas cuantas libras en la buena vida, cosa que haría cualquiera de nosotros, Watson buscará un compañero de vivienda para economizar sus gastos, lo que también realizaríamos muchos de nosotros... Un tal Stamford le presentará nada menos que a Sherlock Holmes, quien convidará al médico a visitar una vivienda que se anuncia disponible en la calle Baker.
En este punto hay dos curiosidades para destacar. El primero es el tristemente célebre caso del joven Stamford: fue él quien unió a, quizás, la más famosa y fructífera pareja de detectives ingleses y esto ha sido olvidado por la mayoría de los admiradores del género. El segundo dato a destacar es que esos aposentos que Holmes ofrece ver a Watson (221B de Baker Street) serán uno de los domicilios más famosos de la literatura. Y algo más.
Desde el año 1932 (y hasta hace muy poco) funcionó en la famosa dirección un banco, el Abbey Nacional Bank. A esta entidad le llueven cartas dirigidas al Sr. Sherlock Holmes para que este resuelva algunos misterios que se les presentan a quienes escriben. Desde allí, una secretaria ficticia responde los mensajes alegando que, por el momento, el detective se encuentra retirado de la actividad en la localidad de Sussex. En 1999, Abbey National colaboró con la creación de una gran escultura de bronce del detective, ubicada hoy en la entrada de la estación Baker Street del subterráneo londinense.
Elemental, mi querido lector
Todo aquel que conozca la aplomada figura del célebre detective inglés Sherlock Holmes recordará, seguramente, una de sus frases más famosas: “elemental, mi querido Watson”. Dirigida a su no menos conocido y respetado ayudante, el doctor en medicina John H. Watson, la cita encierra nuestra primera curiosidad: Holmes no pronuncia dicha frase en ninguna de las obras escritas por Arthur Conan Doyle: la misma es, como tantos otros ríos que corren paralelos al de la literatura, un invento del cine de Hollywood.
Holmes, Watson y el 221 B de Baker Street
El primer texto de Conan Doyle que presenta a sus más famosos personajes es la novela titulada A Study in Scarlet -“Estudio en escarlata”- de 1887. El título hace referencia a que Holmes y su reciente compañero Watson deberán seguir la pista del delito a partir de un rastro de sangre: un “estudio”, entonces, en rojo escarlata.
Esta novela posee como narrador al propio Watson, lo cual será una constante en el resto de los relatos policiales de Conan Doyle. John Watson relata las vicisitudes de su vuelta a la vida en la ciudad tras estar en la guerra en calidad de médico del quinto regimiento de fusileros del ejército inglés. Producto de los combates en Afganistán, su hombro es alcanzado por una bala en la batalla de Maiwant. Esta herida será su boleto de retorno a la capital inglesa.
Una vez en Londres, y luego de despilfarrar unas cuantas libras en la buena vida, cosa que haría cualquiera de nosotros, Watson buscará un compañero de vivienda para economizar sus gastos, lo que también realizaríamos muchos de nosotros... Un tal Stamford le presentará nada menos que a Sherlock Holmes, quien convidará al médico a visitar una vivienda que se anuncia disponible en la calle Baker.
En este punto hay dos curiosidades para destacar. El primero es el tristemente célebre caso del joven Stamford: fue él quien unió a, quizás, la más famosa y fructífera pareja de detectives ingleses y esto ha sido olvidado por la mayoría de los admiradores del género. El segundo dato a destacar es que esos aposentos que Holmes ofrece ver a Watson (221B de Baker Street) serán uno de los domicilios más famosos de la literatura. Y algo más.
Desde el año 1932 (y hasta hace muy poco) funcionó en la famosa dirección un banco, el Abbey Nacional Bank. A esta entidad le llueven cartas dirigidas al Sr. Sherlock Holmes para que este resuelva algunos misterios que se les presentan a quienes escriben. Desde allí, una secretaria ficticia responde los mensajes alegando que, por el momento, el detective se encuentra retirado de la actividad en la localidad de Sussex. En 1999, Abbey National colaboró con la creación de una gran escultura de bronce del detective, ubicada hoy en la entrada de la estación Baker Street del subterráneo londinense.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Frase de actualidad
"Los grandes hombres hablan sobre ideas, los hombres promedio hablan sobre cosas, y los hombres pequeños hablan sobre ... otros hombres".
Piensen sobre qué cosas habla cada persona que trabaja en los medios de comunicación, cada compañero de trabajo y, por qué no, sobre qué hablamos cada uno de nosotros cotidianamente...
Piensen sobre qué cosas habla cada persona que trabaja en los medios de comunicación, cada compañero de trabajo y, por qué no, sobre qué hablamos cada uno de nosotros cotidianamente...
jueves, 22 de julio de 2010
FRAGMENTO DE ARTICULO SOBRE MARADONA, ESCRITO POR JAIME BAYLY, PERIODISTA PERUANO
Maradona es arrogante, y más que arrogante, ignorante, y más que ignorante, agresivo en su ignorancia. Fue un virtuoso como jugador, pero no es un hombre inteligente, no es siquiera medianamente inteligente. Es un hombre lleno de complejos y resentimientos, un hombre turbado por las bajas pasiones, un enfermo en permanente rehabilitació n, un hombre incapaz de ser humilde y escuchar las críticas y razonar serenamente. Es un hombre endiosado y adulado y por tanto un hombre engañado y mal informado. No posee inteligencia natural para razonar el juego del fútbol, como no posee inteligencia emocional para gobernar y expresar sus pasiones. Ama a sus hijas pero no reconoce a su hijo italiano. Ama y adora a Chávez y a Fidel Castro porque los gringos no le dieron la visa para ir a Disney. Se pelea hasta con su sombra. Está siempre molesto, crispado. Cuando la prensa critica el mal juego de su selección, se enfurece y dice bravuconadas de matón. Cuando clasifica a duras penas al mundial, sale con procacidades: que me la mamen ahora los que me criticaron. Pues ahora ¿quién es el mamón, quién debe mamársela a quién? Porque, por lo visto, quienes criticaron la natural incompetencia de Maradona para ejercer un cargo para el que no daba la talla (el entrenador de fútbol tiene que ser, ante todo, un estratega, y un estratega tiene que ser, ante todo, un hombre inteligente) tenían la razón. Maradona nunca debió ser entrenador de la Argentina porque no está dotado de las mínimas facultades para desempeñar ese cargo.
Es comprensible que sus compatriotas lo amen con desmesura y prescindiendo de toda razón debido a las alegrías que Maradona supo darles como jugador de fútbol; es menos comprensible que ese amor los turbe y enceguezca al punto de no advertir lo que ya en las eliminatorias parecía evidente, y aun antes: que Maradona nunca será un buen entrenador porque si no puede gobernar su vida, sus palabras, sus turbias pasiones, sus odios y complejos y resentimientos, menos podría gobernar a la selección argentina.
El fracaso de la Argentina ante Alemania puso en evidencia esa simple verdad: que el mariscal que comandó al regimiento argentino estaba lastrado por la torpeza, la ineptitud y la arrogancia. Como consecuencia de ello, no eligió a sus mejores hombres, sino a sus mejores amigos. Como consecuencia de ello, Alemania destruyó a un aturdido batallón argentino y humilló a quien se creía Napoleón.
Es comprensible que sus compatriotas lo amen con desmesura y prescindiendo de toda razón debido a las alegrías que Maradona supo darles como jugador de fútbol; es menos comprensible que ese amor los turbe y enceguezca al punto de no advertir lo que ya en las eliminatorias parecía evidente, y aun antes: que Maradona nunca será un buen entrenador porque si no puede gobernar su vida, sus palabras, sus turbias pasiones, sus odios y complejos y resentimientos, menos podría gobernar a la selección argentina.
El fracaso de la Argentina ante Alemania puso en evidencia esa simple verdad: que el mariscal que comandó al regimiento argentino estaba lastrado por la torpeza, la ineptitud y la arrogancia. Como consecuencia de ello, no eligió a sus mejores hombres, sino a sus mejores amigos. Como consecuencia de ello, Alemania destruyó a un aturdido batallón argentino y humilló a quien se creía Napoleón.
miércoles, 9 de junio de 2010
Accidentes y fetichismo
A todos los que manejamos seguramente nos sucedió, en alguna oportunidad, el hecho de quedar atorados en una autopista. Más de una vez, en estas vías supuestamente más rápidas para movilizarse, nos trabamos auto contra auto a lo largo de varios kilómetros demorándose así nuestro viaje más de la cuenta.
El motivo más frecuente de estos embotellamientos son los accidentes viales, tales como los choques o, simplemente, la rotura de algún vehículo. Cuando estos bloquean algún carril de la autovía, es absolutamente normal que el tránsito se haga más lento, se entorpezca.
Sin embargo sucede, en la gran mayoría de los casos, que el accidente no produce ningún bloqueo: los vehículos que intervinieron en el siniestro están a un costado de la vía, en la banquina o, a veces, ya arriba de una grúa. Incluso en algún carril del sentido contrario al nuestro. En todos estos casos, el atasco es en realidad resultado de los impertinentes curiosos que desean, morbosamente, “ver qué pasó”.
¿No les parece increíble que todo el tránsito se demore a causa de personas que, simplemente, tienen el fetiche de observar la desgracia ajena?
Realmente es ilógico que se generen más peligros (un embotellamiento puede generar aún más accidentes) por el solo hecho de poder ver lo que sucedió. Incluso, cuando el “interesantísimo” episodio no es más que una pinchadura de neumático.
Las personas que detienen su marcha para observar un accidente solamente piensan en sí mismas. No se preocupan por los tiempos de los demás ni por las posibilidades de generar otra desgracia. Tal vez sea que sienten una especie de alegría al contemplar la desgracia ajena, como una especie de catarsis propia del drama griego. Cualquiera sea el motivo, ninguno es suficientemente válido para justificar la egoísta actitud.
La cuestión está planteada, pero parecería no tener solución desde el lugar de toma de conciencia o de reglamentación vial. La solución debe llegar desde otro lugar: quizás desde la educación o desde la ética. En una sociedad en donde no hay valores claros, establecidos por alguna entidad con autoridad moral, es muy difícil que alguien comprenda la simplísima idea de que sus acciones deben ser tales que no perjudiquen a terceros.
El motivo más frecuente de estos embotellamientos son los accidentes viales, tales como los choques o, simplemente, la rotura de algún vehículo. Cuando estos bloquean algún carril de la autovía, es absolutamente normal que el tránsito se haga más lento, se entorpezca.
Sin embargo sucede, en la gran mayoría de los casos, que el accidente no produce ningún bloqueo: los vehículos que intervinieron en el siniestro están a un costado de la vía, en la banquina o, a veces, ya arriba de una grúa. Incluso en algún carril del sentido contrario al nuestro. En todos estos casos, el atasco es en realidad resultado de los impertinentes curiosos que desean, morbosamente, “ver qué pasó”.
¿No les parece increíble que todo el tránsito se demore a causa de personas que, simplemente, tienen el fetiche de observar la desgracia ajena?
Realmente es ilógico que se generen más peligros (un embotellamiento puede generar aún más accidentes) por el solo hecho de poder ver lo que sucedió. Incluso, cuando el “interesantísimo” episodio no es más que una pinchadura de neumático.
Las personas que detienen su marcha para observar un accidente solamente piensan en sí mismas. No se preocupan por los tiempos de los demás ni por las posibilidades de generar otra desgracia. Tal vez sea que sienten una especie de alegría al contemplar la desgracia ajena, como una especie de catarsis propia del drama griego. Cualquiera sea el motivo, ninguno es suficientemente válido para justificar la egoísta actitud.
La cuestión está planteada, pero parecería no tener solución desde el lugar de toma de conciencia o de reglamentación vial. La solución debe llegar desde otro lugar: quizás desde la educación o desde la ética. En una sociedad en donde no hay valores claros, establecidos por alguna entidad con autoridad moral, es muy difícil que alguien comprenda la simplísima idea de que sus acciones deben ser tales que no perjudiquen a terceros.
viernes, 14 de mayo de 2010
TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO. Entrevista realizada por Víctor Amela a Moussa Ag Assarid
No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, ¡sin papeles!..
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo
- ¡Qué turbante tan hermoso...!
- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo...
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué?
- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto... ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?
- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró.
- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.
- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...
- Qué paz...
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo
- ¡Qué turbante tan hermoso...!
- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo...
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué?
- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto... ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?
- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró.
- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.
- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...
- Qué paz...
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
sábado, 8 de mayo de 2010
Niño mono: el mito hecho realidad
Viernes 08 de octubre de 1999
La increíble historia de un chico ugandés que fue criado por monos
CANTARÁ CON UN CORO EN GRAN BRETAÑA
A los 3 años lo abandonaron en la selva. Se lo creía muerto, pero vivió 3 años con una manada de monos Lo rescataron en 1991. En su readaptación aprendió a cantar. Ahora tiene 14 años y una voz maravillosa
FANTÁSTICO.
John Ssabunnya, el mito de Tarzán que se convirtió en realidad. (…) Un adolescente ugandés que, tras haber sido criado por monos, cantará en Gran Bretaña. Lo hará como integrante de un coro de 20 chicos africanos, una experiencia que lo ha ayudado a acercarse a la civilización. Probablemente John Ssabunnya, de 14 años, haya presenciado el asesinato de su madre, en 1988. Tenía 3 años cuando fue abandonado en la selva. Su padre desapareció, y en la tribu pensaron que el niño había muerto. El segundo capítulo de la historia (…) ocurrió en 1991, cuando una manada de monos Vervet fastidiaba a un grupo de mujeres que recogía leña en un claro de la selva. Les llamó la atención un simio muy sucio, que chillaba y corría en cuatro patas como los demás, pero sin pelos en el cuerpo. Las mujeres volvieron al poblado con la noticia, y la tribu entera fue al claro para cazarlo. Atado a un árbol, gritaba espantado ante los rostros humanos. Los monos intentaron rescatarlo, y hubo que ahuyentarlos a pedradas. Finalmente fue enviado al orfanato cristiano Kamuzinda, a 160 kilómetros de Kampala, la capital de Uganda, donde viven 1.500 chicos. Un miembro de la tribu lo identificó como el chico que había desaparecido tras la muerte de su madre. Se logró ubicar al padre, pero éste se negó a reconocerlo: John se había acostumbrado a trepar a los árboles y a hacer los mismos gestos que los monos, que lo habían alimentado con frutas, nueces y bayas. Se cree que el padre murió poco después, en la guerra civil. El tercer capítulo de la vida de John fue aún más duro. "Estaba desnutrido, lleno de parásitos y cicatrices, y había olvidado su lengua", relató El País de Madrid, en un anticipo del documental. Estaba deprimido y se iba a los rincones para comer.Molly y Paul Wassuna, los directores del orfanato, terminaron adoptándolo. Pero necesitaban ayuda, y recurrieron a Douglas Candland, un psicólogo estadounidense de la Universidad de Buckneell, Pennsylvania, considerado como una eminencia mundial en conducta animal. Candland creyó en la existencia de un Tarzán ugandés recién cuando estudió toda la documentación. Intrigado, viajó al Africa, donde se le unió Debbie Cox, directora de un albergue para animales salvajes en Uganda, experta en devolver a su hábitat a los monos cazados clandestinamente. El chico no terminaba nunca de adaptarse ni lograba hablar correctamente. Pero tenía muy buena voz, y se pensó que el canto podía ayudarlo a volver al mundo que había abandonado de pequeño. El último capítulo de la historia de John comenzó con su encuentro con Hillary Cook, una odontóloga de Sheffield (Gran Bretaña). Hillary estaba recorriendo Uganda, ofreciendo atención dental a uno de lospueblos más pobres del mundo. Cook colaboró en la organización de la gira británica del Coro de Niños La Perla del Africa (…) "John aún sigue hablando en voz baja -comenta la odontóloga-. Pero cuando canta, tiene una voz maravillosa". Este año, el chico volvió a reunirse con un grupo de monos. Candland y Cox quedaron atónitos: el chico sabía cómo comunicarse con los simios, y se encontraba a gusto con ellos. Los expertos decidieron entonces intentar descifrar el lenguaje que compartieron el hombre y el mono.
La increíble historia de un chico ugandés que fue criado por monos
CANTARÁ CON UN CORO EN GRAN BRETAÑA
A los 3 años lo abandonaron en la selva. Se lo creía muerto, pero vivió 3 años con una manada de monos Lo rescataron en 1991. En su readaptación aprendió a cantar. Ahora tiene 14 años y una voz maravillosa
FANTÁSTICO.
John Ssabunnya, el mito de Tarzán que se convirtió en realidad. (…) Un adolescente ugandés que, tras haber sido criado por monos, cantará en Gran Bretaña. Lo hará como integrante de un coro de 20 chicos africanos, una experiencia que lo ha ayudado a acercarse a la civilización. Probablemente John Ssabunnya, de 14 años, haya presenciado el asesinato de su madre, en 1988. Tenía 3 años cuando fue abandonado en la selva. Su padre desapareció, y en la tribu pensaron que el niño había muerto. El segundo capítulo de la historia (…) ocurrió en 1991, cuando una manada de monos Vervet fastidiaba a un grupo de mujeres que recogía leña en un claro de la selva. Les llamó la atención un simio muy sucio, que chillaba y corría en cuatro patas como los demás, pero sin pelos en el cuerpo. Las mujeres volvieron al poblado con la noticia, y la tribu entera fue al claro para cazarlo. Atado a un árbol, gritaba espantado ante los rostros humanos. Los monos intentaron rescatarlo, y hubo que ahuyentarlos a pedradas. Finalmente fue enviado al orfanato cristiano Kamuzinda, a 160 kilómetros de Kampala, la capital de Uganda, donde viven 1.500 chicos. Un miembro de la tribu lo identificó como el chico que había desaparecido tras la muerte de su madre. Se logró ubicar al padre, pero éste se negó a reconocerlo: John se había acostumbrado a trepar a los árboles y a hacer los mismos gestos que los monos, que lo habían alimentado con frutas, nueces y bayas. Se cree que el padre murió poco después, en la guerra civil. El tercer capítulo de la vida de John fue aún más duro. "Estaba desnutrido, lleno de parásitos y cicatrices, y había olvidado su lengua", relató El País de Madrid, en un anticipo del documental. Estaba deprimido y se iba a los rincones para comer.Molly y Paul Wassuna, los directores del orfanato, terminaron adoptándolo. Pero necesitaban ayuda, y recurrieron a Douglas Candland, un psicólogo estadounidense de la Universidad de Buckneell, Pennsylvania, considerado como una eminencia mundial en conducta animal. Candland creyó en la existencia de un Tarzán ugandés recién cuando estudió toda la documentación. Intrigado, viajó al Africa, donde se le unió Debbie Cox, directora de un albergue para animales salvajes en Uganda, experta en devolver a su hábitat a los monos cazados clandestinamente. El chico no terminaba nunca de adaptarse ni lograba hablar correctamente. Pero tenía muy buena voz, y se pensó que el canto podía ayudarlo a volver al mundo que había abandonado de pequeño. El último capítulo de la historia de John comenzó con su encuentro con Hillary Cook, una odontóloga de Sheffield (Gran Bretaña). Hillary estaba recorriendo Uganda, ofreciendo atención dental a uno de lospueblos más pobres del mundo. Cook colaboró en la organización de la gira británica del Coro de Niños La Perla del Africa (…) "John aún sigue hablando en voz baja -comenta la odontóloga-. Pero cuando canta, tiene una voz maravillosa". Este año, el chico volvió a reunirse con un grupo de monos. Candland y Cox quedaron atónitos: el chico sabía cómo comunicarse con los simios, y se encontraba a gusto con ellos. Los expertos decidieron entonces intentar descifrar el lenguaje que compartieron el hombre y el mono.
jueves, 6 de mayo de 2010
Yo jamás fui niño, de Fortunato Ramos
Mi sonrisa es seca y mi rostro es serio,
mis espaldas anchas, mis músculos duros,
mis manos partidas por el crudo frío,
sólo ocho años tengo, pero no soy niño.
Detrás mis ovejas ando por el cerro
y cargau mi leña bajo hasta mi puesto
a soplar el fuego, a mismiar mi soga,
y no tengo tiempo para ser un niño.
Los años caminan y todo es lo mismo,
moti, sal con lechi son mis caramelos
mi juguete un chivo o el perro ovejero
poco tiempo tengo, pero no soy niño.
Mi avión de juguete es un cuervo viejo,
mi camión, un burro de trotar muy lento;
mi amigo es el zorro que roba mis cabras
y es todo mi consuelo de poder ser niño.
Mi rostro es de viejo y mi andar de agüelo,
mis callos partidos por piedras del cerro,
mi poncho, rotoso por el fuerte viento,
todo eso me dice que no soy un niño.
¡Y no hay reyes magos,
no hay Día del Niño,
jamás tuve suerte
de poder ser niño!
mis espaldas anchas, mis músculos duros,
mis manos partidas por el crudo frío,
sólo ocho años tengo, pero no soy niño.
Detrás mis ovejas ando por el cerro
y cargau mi leña bajo hasta mi puesto
a soplar el fuego, a mismiar mi soga,
y no tengo tiempo para ser un niño.
Los años caminan y todo es lo mismo,
moti, sal con lechi son mis caramelos
mi juguete un chivo o el perro ovejero
poco tiempo tengo, pero no soy niño.
Mi avión de juguete es un cuervo viejo,
mi camión, un burro de trotar muy lento;
mi amigo es el zorro que roba mis cabras
y es todo mi consuelo de poder ser niño.
Mi rostro es de viejo y mi andar de agüelo,
mis callos partidos por piedras del cerro,
mi poncho, rotoso por el fuerte viento,
todo eso me dice que no soy un niño.
¡Y no hay reyes magos,
no hay Día del Niño,
jamás tuve suerte
de poder ser niño!
sábado, 1 de mayo de 2010
Argentinos destacables
Fortunato Ramos, poeta, músico y maestro de Humahuaca
Quien haya visitado alguna vez la ciudad de Humahuaca (Jujuy), famosa por su imponente quebrada, se habrá topado con algo mucho más pequeño pero no por eso menos llamativo. Ni bien el viajero pone un pie en la plaza principal, una bandada de changuitos (niños humahuaqueños) lo rodean serviciales y lo apabullan con una ametralladora de preguntas (“¿De dónde viene? ¿Primera vez que viene a Humahuaca? ¿Le gusta?”) lo cual culmina, siempre, con la hermosamente ineludible: “¿quiere que le recite una copla?”. Ante la atónita aceptación del turista, el changuito recitará –como agua de manantial- los versos creados por un poeta local, Fortunato Ramos. Este ignoto vate jujeño, orgullo de Humahuaca, es un maestro rural, recitador, músico regional y labrador de la tierra. Así lo presenta la contratapa de su libro Costumbres, poemas y regionalismos (2003). De la mano del afamado charanguista Jaime Torres, Ramos ha recorrido el mundo entero para llevar su arte y nuestras costumbres a otros continentes. También el mundo del rock nacional, a través del grupo Divididos, le ha provisto un espacio para el desarrollo de su música ¿Usted lo conoce? Los niños de Humahuaca sí, y celebran su arte y nuestra tradición cada vez que, a cambio de una moneda o de unos caramelos, algún azorado turista lo posibilita a modo de mecenas. Y Ramos, como si fuera un agradecimiento más que un homenaje, escribe sobre estos changuitos, quienes quizás no sean nunca estudiantes universitarios, pero que son capaces de conmover hasta la última fibra del cuerpo de aquellos que escuchan salir de su boca versos como “Mi sonrisa es seca y mi rostro es serio / mis espaldas anchas, mis músculos duros / mis manos partidas por el crudo frío / sólo ocho años tengo, pero no soy niño”.
Quien haya visitado alguna vez la ciudad de Humahuaca (Jujuy), famosa por su imponente quebrada, se habrá topado con algo mucho más pequeño pero no por eso menos llamativo. Ni bien el viajero pone un pie en la plaza principal, una bandada de changuitos (niños humahuaqueños) lo rodean serviciales y lo apabullan con una ametralladora de preguntas (“¿De dónde viene? ¿Primera vez que viene a Humahuaca? ¿Le gusta?”) lo cual culmina, siempre, con la hermosamente ineludible: “¿quiere que le recite una copla?”. Ante la atónita aceptación del turista, el changuito recitará –como agua de manantial- los versos creados por un poeta local, Fortunato Ramos. Este ignoto vate jujeño, orgullo de Humahuaca, es un maestro rural, recitador, músico regional y labrador de la tierra. Así lo presenta la contratapa de su libro Costumbres, poemas y regionalismos (2003). De la mano del afamado charanguista Jaime Torres, Ramos ha recorrido el mundo entero para llevar su arte y nuestras costumbres a otros continentes. También el mundo del rock nacional, a través del grupo Divididos, le ha provisto un espacio para el desarrollo de su música ¿Usted lo conoce? Los niños de Humahuaca sí, y celebran su arte y nuestra tradición cada vez que, a cambio de una moneda o de unos caramelos, algún azorado turista lo posibilita a modo de mecenas. Y Ramos, como si fuera un agradecimiento más que un homenaje, escribe sobre estos changuitos, quienes quizás no sean nunca estudiantes universitarios, pero que son capaces de conmover hasta la última fibra del cuerpo de aquellos que escuchan salir de su boca versos como “Mi sonrisa es seca y mi rostro es serio / mis espaldas anchas, mis músculos duros / mis manos partidas por el crudo frío / sólo ocho años tengo, pero no soy niño”.
viernes, 23 de abril de 2010
Dolina acerca de las declaraciones de Maradona
"Una oyente dice: 'Estimado Dolina, ¿ya no defiende más a Maradona? ¿O acaso ya no hay ningún Sargento Cruz? Vea: Usted ayudó a alimentar al monstruo que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial. Cordialmente. Ingrid Hammer'.
Mi respuesta es SÍ. Yo he resuelto -después de un extravío- bancar a Maradona en esto. ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde se escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, pero libreteado (y en la televisión ni hablemos), ese mundo se indignó. Esos tipos se indignaron. Y esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente en la vereda de enfrente.
Y lo que un tipo dijo, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, y por su propia condición, después fue repetido ad nauseam por todos los noticieros, con subrayados, subtitulados, duplicaciones, ampliaciones y circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni en estado de emoción violenta, ni perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si lo defiendo a Maradona. Bueno, sí, lo defiendo. Si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.
Y eso de "que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial"... ¡Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa nuestra obligación! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¿Ante quiénes? ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Ante quién tenemos que quedar bien? ¿Dónde está la Fiscalía del Universo? ¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer!
Y otra cosa: muchas veces, pero muchas, en los medios se dicen cosas muy interesantes. Yo he escuchado casi revelaciones, a veces, dichas por tipos a los que yo admiro mucho. A veces son intelectuales, como, no sé, el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces son artistas, o incluso locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir "pero mirá que bien pensó éste". Bueno, a esos NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros, con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la BASURA. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco.
Así que ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de indignarse, de enojarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola. Lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! ¡Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona, viejo. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, bueno, es ése, y no Pancho Ibáñez. Así que sí, lo defiendo a Maradona. Ante usted lo voy a defender siempre”.
Mi respuesta es SÍ. Yo he resuelto -después de un extravío- bancar a Maradona en esto. ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde se escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, pero libreteado (y en la televisión ni hablemos), ese mundo se indignó. Esos tipos se indignaron. Y esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente en la vereda de enfrente.
Y lo que un tipo dijo, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, y por su propia condición, después fue repetido ad nauseam por todos los noticieros, con subrayados, subtitulados, duplicaciones, ampliaciones y circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni en estado de emoción violenta, ni perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si lo defiendo a Maradona. Bueno, sí, lo defiendo. Si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.
Y eso de "que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial"... ¡Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa nuestra obligación! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¿Ante quiénes? ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Ante quién tenemos que quedar bien? ¿Dónde está la Fiscalía del Universo? ¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer!
Y otra cosa: muchas veces, pero muchas, en los medios se dicen cosas muy interesantes. Yo he escuchado casi revelaciones, a veces, dichas por tipos a los que yo admiro mucho. A veces son intelectuales, como, no sé, el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces son artistas, o incluso locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir "pero mirá que bien pensó éste". Bueno, a esos NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros, con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la BASURA. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco.
Así que ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de indignarse, de enojarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola. Lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! ¡Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona, viejo. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, bueno, es ése, y no Pancho Ibáñez. Así que sí, lo defiendo a Maradona. Ante usted lo voy a defender siempre”.
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