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lunes, 13 de septiembre de 2010

Curiosidades del arte 5, por PG

William Shakespeare
¿Ser o no ser Willy?

Cuando se menciona a este célebre dramaturgo inglés nacido en 1564 en Stratford-upon-Avon (condado de Warwick, Inglaterra) se habla de él casi como un sinónimo de literatura inglesa. Y se recuerda, tarde o temprano, una de las frases más célebres de la dramaturgia (y la literatura toda), surgida hace varios siglos de la boca de uno de sus personajes: “ser o no ser, esa es la cuestión”. Traducciones posibles aparte, la cita de Hamlet (1598-1601) se la ha representado infinitas veces acompañada de una impostación especial del tono de voz, una postura corporal entre histriónica y ceremonial y el gesto –o la acción misma- de sostener en una mano una calavera. Y surge aquí la curiosidad. Porque sucede, como en otras ocasiones, que el personaje supera en fama a la obra y al autor mismo, y hablan de él aun quienes nunca entraron en contacto con la pieza teatral.
Quienes sí hayan leído o visto representada la pieza de Shakespeare sabrán que, durante el monólogo del “to be or not o be”, Hamlet no tiene en su mano calavera alguna. El príncipe de Dinamarca, quien se ve en la dura diyuntiva de asesinar o no a su madre y a su tío el rey, pronuncia dos extensos y profundos monólogos (y alguno más) a lo largo del drama shakesperiano. El primero de estos (acto III, escena IV) desarrolla el tema del “ser o no ser” el propio Hamlet quien deba vengar la muerte de su padre; el segundo, es el que habla acerca de lo efímero de la vida, del paso del tiempo, y este sí lo realiza Hamlet con la calavera de Yorick, antiguo bufón real, en su mano. Durante las primeras dos escenas del quinto acto, Hamlet y su amigo Horacio se encuentran en el cementerio con un sepulturero y mantienen un ingenioso diálogo humorístico (sí, lector, el drama shakesperiano contiene humor). Quien cava las fosas informa a Hamlet y a su amigo que el cráneo que pueden ver allí, junto a ellos, es el del otrora bufón, antiguo compañero de juegos del por entonces jovencísimo príncipe Hamlet. Es por esto que el protagonista toma la calavera en sus manos y, mientras recuerda las humoradas del viejo compañero en la corte, reflexiona sobre el pasado que se fue (tempus fugit, decían ya los romanos) y no volverá.
Lo del “ser o no ser”, es otra cuestión…

¿Cumpleaños feliz?

El nacimiento de William Shakespeare, como se menciona arriba, fue en el año 1564, aunque el día exacto es incierto. Sin embargo, se registra su bautismo el día 26 de abril de ese año en la iglesia de la Santísima Trinidad. No hay demasiada curiosidad en ello: la historia del arte está plagada de casos como este ya que lo registros civiles no estaban tan organizados como los actuales.
No sucede lo mismo con respecto a la fecha del fallecimiento del afamado dramaturgo y poeta inglés. El mismo falleció el día 23 de abril de 1616. Algunos autores sostienen que murió el día de su cumpleaños. Otros de los que hacen mención a esta fecha no pueden dejar de apuntar el dato curioso: el también dramaturgo, poeta y genial narrador español, Miguel de Cervantes Saavedra también murió un 23 de abril de 1616.
Pero la curiosidad no termina aquí.
¿Qué pensaría el lector si afirmamos que ambos escritores murieron el 23 de abril de 1616, pero no lo hicieron el mismo día?
El truco está en el almanaque: España e Inglaterra poseían calendarios diferentes por aquel entonces, ya que en la tierra natal de William no se había puesto en práctica la reforma gregoriana. Shakespeare murió en realidad diez días después que Cervantes (el 3 de mayo del actual calendario).

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