Leonardo da Vinci (1452-1519):
Hora de cenar
Una de las pinturas más famosas del artista nacido en la aldea toscana de Vinci (ciertamente, ese es el significado de lo que conocemos como su “apellido”) es La última cena. Esta es un fresco que se encuentra pintado en una pared del refectorio (salón comedor) del monasterio de Santa Maria delle Grazie en Milán. La recordada escena creada por Leonardo muestra a Jesús y a sus doce apóstoles durante la cena de pascua, más precisamente en el momento en que Cristo anuncia que uno de ellos pronto lo traicionará.
Hoy en día, el estado de conservación de la pintura no es óptimo debido a los materiales que utilizó Leonardo. El artista era un gran experimentador, lo que hoy en día llamamos un científico, y sus obras eran el “laboratorio” en donde probaba sus nuevas técnicas. El temple (pintura no al óleo) utilizado por Leonardo no es tan resistente al paso del tiempo y, por esta razón, este fresco de Da Vinci se deteriora con el paso del tiempo y necesita de constantes curaciones.
A principios de este nuevo siglo XXI, este fresco captó nuevamente la atención del público masivo gracias a una novela best-seller y su posterior adaptación al formato cinematográfico. Las teorías del novelista –quien no hace más que literatura, o sea ficción- propusieron el debate sobre temas concernientes a la religión católica y a la figura de su fundador, Jesucristo. Lo interesante, desde el punto de vista artístico, es que en el análisis que se realiza de la pintura de Leonardo en la novela, se toma como punto de partida una supuesta omisión del artista: da Vinci habría olvidado colocar vasos o copas sobre la mesa. A partir de esta equívoca afirmación como base, la novela edifica una teoría acerca de Cristo y María Magdalena que se torna sumamente débil ya que, si se observa atentamente la mesa vestida por un mantel blanco, se verán sobre ella algunos vasos de vidrio con un líquido rojizo (vino posiblemente) en su interior. Uno de ellos, por ejemplo, inmediatamente a la derecha de la mano izquierda de Cristo.
Otro detalle sobre esta obra, visible incluso en algunas reproducciones, puede observarse debajo de la mesa, en la parte central. Luego de que Leonardo pintara el fresco con sus comensales (nótese que es una imagen de personas comiendo realizada en un comedor), los monjes realizaron una abertura en el muro para colocar una puerta, justo debajo del trabajo de da Vinci. Puede resultar increíble para nosotros que se dañara así una parte, por más pequeña que sea, de la obra del maestro italiano. Por lo tanto, las extrañas líneas y marcas que el espectador atento observa debajo de la mesa no son más que el dintel de la puerta antes mencionada. Para quienes tuvieron el placer de contemplar en directo el fresco, el asombro de una antigua puerta en ese lugar es, tal vez, aún mayor.
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