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lunes, 16 de agosto de 2010

Curiosidades del arte 2, por PG

James Joyce (1882-1941)

Ulises y la novelística moderna

La novela Ulises es, quizás, no solamente la obra cumbre de este autor irlandés sino también la novela máxima del siglo XX. Tal suposición nace de su significación para el mundo literario. Así como El Quijote cervantino es, para algunos críticos, la inauguración de la novela moderna, el Ulises de Joyce (de 1922) es también una bisagra literaria: se ha transformado en un antes y un después en la manera de escribir la narrativa.
Otra coincidencia que puede mencionarse entre los autores es el hecho de que tanto Joyce como Cervantes se encontraban, al momento de la publicación de sus novelas, en un estado económico deplorable. Una escritora amiga de Joyce, Sylvia Beach, fue quien proveyó el dinero para la primera publicación de la obra capital del autor irlandés. A esta singular editora debe Ulises no solamente su paso por la imprenta, sino también su cruce al otro lado del Atlántico. La novela de Joyce había sido declarada en los Estados Unidos como una obra obscena e ininteligible, y por este motivo el primer envío de copias a Norteamérica fue confiscado. Beach no se dejó amedrentar por esto y continuó los envíos del Ulises oculto por tapas de las obras completas de Shakespeare.
El Ulises de Joyce narra los hechos acontecidos en Dublín a Leopold Bloom y a Stephen Dedalus el 16 de junio de 1904. Un día cualquiera… O no tanto. Joyce eligió esa fecha debido a que fue el día en que, por primera vez, se encontró con Nora Barnacle, quien más tarde fuera su pareja. Bloom y Dédalus son personajes autobiográficos, reflejo dual de la personalidad del autor: el primero representa al viejo Joyce; el segundo, al joven.
Dos curiosidades en relación a los personajes:
A Leopold Bloom debemos el Bloomsday: todos los 16 de junio, quienes honran la memoria de Joyce se reúnen a celebrar esta fecha, generalmente con una buena cerveza irlandesa de por medio.
Con respecto al joven Stephen, se pueden destacar dos cosas. La primera es que este no es un personaje nuevo sino que pertenece a otro libro del autor: “El retrato del artista adolescente” (A portrait as a young man artist). Al final de esta excelente novela, Joyce hace viajar a Stephen hacia Dublín, ciudad en donde, como arriba se dijo, transcurren las escuetas acciones del Ulises. El joven Dédalus es, por lo tanto, una suerte de puente entre ambas novelas. La segunda cuestión a destacar es el significado de su apellido. Dédalo es, en la mitología griega, el creador –entre otras cosas- del laberinto que encerró al Minotauro hasta su muerte en manos del héroe Teseo. A lo largo de la novela joyceana, Stephen es un estudiante adolescente con aspiraciones a escritor que se busca a sí mismo y a su capacidad de comprender y crear el arte. Esta búsqueda es un derrotero intrincado, laberíntico para un muchacho, como muchos jóvenes de su edad, confundido, avergonzado de su familia y demás cuestiones que lo hacen deambular por los inciertos pasillos de su vida. He ahí la relación del apellido de Stephen con el inventor griego.
Temiendo caer en una obviedad, resulta casi imperiosa una comparación más entre el Ulises y su obligado intertexto. Ulises (Odiseo), como posiblemente sepa el lector, es el héroe de La Odisea, obra épica atribuida a Homero. No es casual que este personaje diera nombre a la novela de Joyce, ya que también el héroe griego sufre un largo camino a casa (la isla Ítaca, su tierra natal) tras la caída de Troya. El Ulises homérico deberá deambular perdido en los laberínticos mares durante diez años antes de llegar al encuentro de Penélope, su amada y paciente esposa.
Por todo esto puede decirse que las novelas de Joyce –como tantas otras dentro del apasionante mundo de la literatura- están plagadas de signos que remiten a otras obras literarias, a otros personajes, a la vida misma…

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