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viernes, 23 de abril de 2010

Cuatro “ismos” que nos deterioran por Eduardo Cazenave.

El país, y algunos de sus vecinos, atraviesan una crisis social, fundamentalmente de valores, que podría resumirse en cuatro "Ismos": relativismo, facilismo, egoísmo y mesianismo. A cada uno de estos, deberíamos contraponer un valor y una estrategia para modificarlo.
Relativismo. Cuando el bien es relativo, las normas son todas discutidas y, generalmente, se aplican para el otro, nunca para mí. De allí, el continuo desorden social que impera en nuestro país, el atropello de los cortes de ruta y de calles, las faltas de respeto de los jóvenes a los adultos y de los adultos a las instituciones.
Ahora bien, cuando la verdad es relativa, ¿qué sentido tiene la investigación y la ciencia? ¿Qué valor tiene leer historia, literatura, filosofía, las ideas de los grandes autores? La educación y la ciencia se basan en la verdad, en que vale la pena buscarla, discutir sobre ella para encontrarla juntos, respetando siempre otras opiniones. Implica, también, sabemos humildemente ignorantes frente al enorme universo por descubrir.
Facilismo. Se sigue directamente de lo anterior. Si hay verdad, hay que esforzarse en buscarla. Si hay bien, hay que exigirse para alcanzarlo. Cuando todo da igual, aparecen los títulos truchos, la búsqueda del "zafar", o los programas de TV que incentivan la fama por hacer nada frente a las cámaras. Nos venden recetas para adelgazar rápidamente, para aprender inglés durmiendo... todo sin dolor, componente educativo fundamental para el sano desarrollo de cualquier persona.
Digámoslo de manera simple: lo bueno siempre cuesta. Cuanto mejor sea algo, mayor el esfuerzo exigido, tanto en el campo de la educación como en la vida diaria. En los colegios, debemos volver a la cultura del esfuerzo, premiando no sólo los resultados, sino también el sudor relativo que cada alumno depositó en la búsqueda de alcanzar el saber.
Egoísmo. Si todo es relativo, si pretendemos tener todo a mano y sin esfuerzo, es evidente que primero está uno mismo. Se prioriza el bien individual por encima del bien del otro. Y aquí apareció el valor que hay que promover: el bien común. Respetando siempre los derechos individuales (la libertad, la propiedad privada, el libre pensamiento), este valor es buscar un bien que es superior al royo y al mío, y que nos define como seres sociales. Desde esta perspectiva, descubrimos el respeto por aquello que es de todos (la calle, la vereda, las plazas) y que deja de ser de nadie. Hay que volver educar en el sentido pleno y verdadero del Bien Común. Aquel bien semejante a la orquesta que busca, valorando y respetando las diferencias de cada instrumento, sonar, entre todos, una misma sinfonía, mientras cada uno la valora como propia.
Mesianismo. La sociedad no será salvada por un gobernante milagroso. La educación no será reconstruida por una nueva ley. El país será cambiado entre todos, mientras que el gobernante de turno sólo dirigirá, cada tanto, el barco. Los niños serán educados, especialmente, por los padres. Los colegios los ayudarán, de a ratos. Sólo podremos cambiar la sociedad si nos involucramos todos en la educación de valores como la verdad, el bien común, el esfuerzo y la participación ciudadana.
La era del mesianismo debe considerarse terminada. Las recetas mágicas no han dado resultado. Habrá naciones nuevas, crecientes y solidarias, solamente si las construimos entre todos.

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